viernes, 8 de febrero de 2013

Fracaso del Museo de la Prensa (14)


Pro y contra


El equipo de trabajo adhonorem que tenía a su cargo la organización y puesta en funcionamiento del Museo Nacional de la Prensa con sede en Ciudad Bolívar, se comprometió con el Presidente de la República a tenerlo listo para su inauguración en la fecha bicentenaria del natalicio del Libertador.
            El compromiso de tener listo el Museo para la citada fecha dependía, sin embargo,  de una cifra superior a los seis millones de bolívares que costaría la restauración de uno de los más preciosos inmuebles del Casco Histórico de la ciudad para la reubicación del Museo de Arte Venezolano que ya hacía diez años venía funcionando en la casa del Correo del Orinoco.
            La casa de las doce ventanas, sitio de reubicación,  perteneciente a la Sucesión Machado-Liccioni, fue adquirida en medio millón de bolívares por el gobierno regional y la arquitecta Mildred Egui Boccardo, de la Promotora de Desarrollo Urbano,  rediseñó el inmueble  contemplando eliminar los agregados para convertir sus salones en once salas de exposición. 
            La casa ofrece una espléndida vista hacia el Orinoco puesto que está ubicada en el Paseo.  El escritor y crítico de Arte Rafael Pineda, padre del Museo que guarda más de un siglo de pintura venezolana, y quien al principio de manifestaba indispuesto por la resolución de la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación,  terminó gustándole la idea de la reubicación de su museo en la Casa de las Doce Ventanas conforme a los planos que le presentaron, pero se manifestó escéptico  en cuanto al tiempo disponible para la restauración y reubicación, máxime cuando hasta ese momento no se sabía de donde saldrían los seis millones de bolívares para los trabajos respectivos. 
            La Junta Organizadora del Museo Nacional de la Prensa se reunió con el Gobernador Alcides Sánchez Negrón  para tratar el asunto de los seis millones y éste manifestó que el Ejecutivo no disponía de partidas y ofreció la Casa de los Granados que se hallaba en proceso de restauración, pero evidentemente que este inmueble no reunía las condiciones y espacios suficientes para el museo.
            Como el decreto 1185 del 25 de agosto de 1981 encarga a los Ministros de Relaciones Interiores, Educción, Desarrollo Urbano, Información y Turismo y Secretaría de la Presidencia, se acordó dirigirse a ellos a fin de que aportaran el dinero que se requiere y advirtiendo que de lo contraría  sería imposible tener listo el Museo Nacional de la Prensa para la fecha bicentenaria del natalicio del Libertador.  Ese intento resultó inútil y la comisión organizadora no pudo avanzar, menos cuando vinieron las elecciones presidenciales y se vislumbraba un cambio de gobierno de signo contrario que amenazaba los proyectos diseñados y en ejecución a favor de la ciudad capital.
Al vencerse el quinquenio constitucional de Luís Herrera Campíns, el impulso de las políticas oficiales en función del nuevo rol que debe jugar Ciudad Bolívar frente al surgimiento avasallante de Ciudad Guayana, comenzó a debilitarse.
            La administración del Presidente Jaime Lusinchi (1984-1989), sucesor de Luís Herrera Campíns, interrumpió en Ciudad Bolívar la continuidad administrativa al acceder el traslado de la sede de la Universidad de Guayana a Puerto Ordaz bajo los auspicios de la CVG,  al liquidar el Centro de las Artes que se levantaba en los actuales predios del Jardín Botánico del Orinoco, negar luz verde al Museo de Ciencias decretado por Garrido Mendoza, convertir en vulgar estacionamiento la Plaza Farreras y mostrar indiferencia por el Museo Nacional de la Prensa.
           

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