miércoles, 23 de enero de 2013

Angostura a la luz de la luna



Con el poético nombre de “Angostura a la luz de la luna”,  (en la foto) el artista plástico Domingo Álvarez, distingue la obra que realizó para la reapertura del Museo de Arte de Ciudad Bolívar en la Casa del Correo del Orinoco.
            Contigua con la sala donde se exhiben las cerámicas modernas, se abrió la sala, casi toda para él, de esta obra de Álvarez donde la ciudad se refleja en el Orinoco luminosamente sedimentario, para lo cual fue necesario  utilizar bombillas especialmente importadas de Hungría, porque para una obra de arte de esa dimensión, aparte de que se queman muy temprano,  poco sirven los hongos que se fabrican en Venezuela.
            Domingo Álvarez, además de arista plástico, es arquitecto que tiene mucho que ver con el Museo de los Niños en Caracas y la Plaza donde se erige el Delta Solar de Alejandro Otero en Guri.
            El Museo se amplió de una manera expresiva y extraordinaria   porque exceptuando el cuadro del disidente ruso Rudjin que llegó a Venezuela después de burlar la cortina de hierro  en los años sesenta, se han producido potros aportes de obras de famosos como el mexicano Rufino Tamayo y Carlos Enriquez (el Reverón cubano), que ha obligado a la dirección artística del Museo a abrir una sala dedicada a obra de artistas extranjeros, entre los que sobresalen pintores italianos con unas setenta obras, no expuestas todas obviamente por falta de espacio.  El Museo cuenta con un patrimonio de más de un mil piezas, de las cuales se exhibe una tercera parte.   Para las demás habría que implementar un sistema de rotación tal como ocurre en otros museos del mundo.
            Durante lo que pudiéramos llamar la primera etapa del Museo, es decir, antes de su interrupción por un lapso de casi cuatro años, sólo había dos obras de arte óptico.  Ahora las donaciones se han multiplicado  dando lugar a un espacio especializado  en el cual destacan obras de Carlos Cruz Diez, Omar Carreño, Víctor Valera, Nedo, José Rosario Pérez, Antonieta Sosa, Rafael Pérez, Ithamar Martínez, Carmelo Rickel, Pedro Tagliafico, Oswaldo Subero y Eduardo Dorta. A las que habrá de sumarse obras de Aimmé Battistini, donada por Malú Huncal y Joaquín Latorraca.  Faltaría Jesús Soto.
            Sigue a este espacio un salón muy completo, intermedio entre obras de artistas muy jóvenes y de muy viejos.  Están representados aquí a partir de Campos Biscardi, Vásquez Brito, Braulio Salazar, Luisa Palacios, Manuel Espinoza, Régulo Pérez, González Bogen, Alirio Rodríguez, Perán Ermini, Mateo Manaure, Armando Barrios, Francisco Hung, Pedro Barreto, María Luisa Zuloaga, Maruja Rolando, J. M. Cruxen, Ramón Vásquez Brito, Max Piedemonte, Carmen Millán, Ismari Brandt.  Estos son, entre otros, pintores de la tendencia expresionista que vienen después del figurativismo.
            En la Sala de los Maestros de comienzo de siglo, con el cual se inicia el recorrido por el Museo, destacan, entre otros, Arturo Michelena y Armando Reverón (dibujos que el museo mantiene en bóvedas), Pedro Ángel González, Ramón Moleiro, Elisa Elvira Zuloaga, César Prieto, Elbano Méndez Osuna, Luis Alfredo López Méndez, Carlos Otero (desnudo al cual un fanático religioso propinó un machetazo),  Magda Andrade, Tito Salas, Emilio Bogio, Pedro Centeno Vallenilla.
            Ya escapado de las obras de arte, el espacio propio de la Casa que corresponde al Correo del Orinoco: la Prensa, originales del hebdomadario, retratos del Libertador, un marco fotográfico de la ciudad antigua y el nacimiento del Orinoco, destacando un plano copiado del original del ingeniero Carlos F. Siegert (1852), por Ramón Grumeitte (1942), plumilla sobre cartulina, donación del Seguro Guayana, Puerto Ordaz.  A la entrada una especie de introducción a través de imágenes populares.


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